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lunes, 25 de junio de 2012

Ay, el biscotto

Viendo a Italia superar a Inglaterra en cuartos de la Eurocopa por penaltis, no puedo evitar recordar la posibilidad que se dio en el España - Croacia de haber pactado un empate que hubiera dejado fuera a los trasalpinos. El famoso biscotto o pasteleo que diríamos en castellano, que pudo ser y no fue, pero que hasta que finalice la competición flotará en el ambiente con sus defensores y sus detractores.

Siendo sincero, me pareció en su momento una opción la mar de tentadora poder dejar fuera a los italianos, que a pesar de evolución de la mentalidad española en las últimas competiciones, siguen siendo uno de esos equipos que nos acomplejan un poquito. No obstante, vi correctísima la decisión del equipo español de no dar lugar ni a la más mínima especulación y segar el tema antes de que despuntara.

Aparte del aspecto ético de la decisión, que es la faceta más clara e importante por el bien de la limpieza de la competición, también hay una serie de aspectos más prácticos que no lo hacían aconsejable. Eso sí, al no haberlo hecho, como nos crucemos con Italia en una hipotética final en la que pierda España, habrá muchas críticas por no haber pasteleado con Croacia la eliminación de los de Prandelli.

Se me viene a la mente un caso poco recordado de posibilidad de manejar un resultado para evitar un rival que no se hizo y salió mal. Fue en la Champions League 96/97, el Atlético de Madrid ganó en el último partido de la fase de grupos contra el polaco Widzew Lodz y consiguió el primer puesto de su grupo sobre el Borussia Dortmund. Muchas voces clamaron por dejarse empatar para ser segundo, ya que el primero cruzaba contra el Ajax, equipo puntero en Europa en esos momentos que había sufrido un bache en la liguilla que le había relegado a ese segundo puesto, mientras que el segundo se enfrentaba al Auxerre, equipo francés a priori más sencillo como rival, que había dado la sorpresa de quedar primero de su grupo. Finalmente, el Atleti fue a ganar y quedó primero de grupo. Pasó el parón invernal de la Champions League, llegaron con cuartos con el Ajax en mejor momento de juego y los rojiblancos cayerón. Mientras el Borussia Dortmund eliminaba con facilidad al débil Auxerre... y acababa la temporada proclamándose Campeón de Europa, nada menos.

Pero haber entrado en ese juego del biscotto nos habría marcado para todo el torneo. Hubiera sido un estigma para una selección que se caracteriza por jugar limpio e ir de cara. Además ¿y si fuera Croacia quien nos hubiera ganado esa hipotética final? Pues hubiéramos hecho el ridículo absoluto. Mejor sin biscotto.

Del milagro a la rutina en cuatro años

España recibía a Francia con la historia en contra. La estadística decía que nunca se había ganado a los galos en competición oficial, pero esta generación de La Roja no sabe de maldiciones ni de retos imposibles. Ya nos lo demostraron hace cuatro años, en la anterior Eurocopa, cuando se eliminó en cuartos a Italia en penaltis. Aquel día cambió la historia del fútbol español. Nunca pasábamos de cuartos, siempre nos ganaban los equipos grandes, había una serie de equipos históricos que parecían intocables en las grandes citas, que estaban acostumbrados a ganar y no les atenazaba la presión de las alturas, algo que sí le pasaba a España. Pero eso se acabó hace cuatro años.

Demostró Francia lo que ya sabíamos, que el rival a batir y el equipo grande es España, que los rivales ya no se atreven a hacer su juego ni a abrirse al ataque, ya se lo vimos hacer a Croacia, pero sorprende un poco más vérselo hacer a un equipo candidato al título como el francés.

Del Bosque optó por la opción del nueve falso con Fábregas por Torres como única modificación. Blanc opuso un mediocampo para provocar atascos, sin Nasri y con el trivote Mvila, Cabaye y Malouda, no demasiado defensivo, ya que dejó fuera a Aliou Diarra, el más peleón de los que podrían jugar en el centro. Mvila es un medio fuerte pero con capacidad creativa, Cabaye y Malouda (cuyos mejores años pasaron ya y que está aportando en este campeonato poco más que experiencia) buscaban la llegada arriba en segunda línea, pero nada de eso funcionó. La idea del partido del once del gallo era esa, atascar el juego de España adelantando la defensa (más aun al no estar Mexés y al jugar España sin delantero de referencia que empujara a la defensa rival), robar y salir lo más rápido posible, conectar con Benzema y Ribery y que esperaran el apoyo de Malouda y Cabaye ¿que falló? Pues que la premisa primera, la de robar el balón a España, es casi imposible.

La Roja salió a lo de siempre, pero con un aire de manejo absoluto del partido, de confianza total en que todo va a acabar saliendo bien, que nos confirma como equipo grande, de esos que no tienen que hacer nada extraordinario para llevarse los partidos. España tocó y tocó, monopolizó el balón, supo cortar bien cualquier intento de salida de Francia, con el doble pivote funcionando correctamente en el trabajo sucio, y fue cansando al combinado galo, desesperándolos, sacándolos del partido. Se puede volver al reproche de otros partidos, faltó profundidad o llegada de alguien con más instinto, ya que Silva, Iniesta o Xavi no parecen gran opción para colgarles un centro, pero el plan está siendo este, doblegar la resistencia del rival a base de marearle tocando el balón, jugar con paciencia hasta que el rival trata de abrirse y arriesga, entonces, Del Bosque saca los cuchillos. Mención de honor merece la defensa española, buena presión de los que juegan arriba, que impide que los rivales saquen el balón limpio, buen trabajo de Alonso y, sobre todo, Busquets para barrer en la zona ancha y cubrir las subidas de los laterales, y gran desempeño de Piqué  y Sergio Ramos, serios, rápidos y fuertes. Sin errores, que es lo mejor que se le pueden decir a dos centrales. Además, por si todo lo demás falla, Casillas, no hay más que hablar.

A los 19 minutos, Jordi Alba (excepcional su partido de ayer y una de las revelaciones del torneo), superó a Debuchy, que jugó más adelantado de lo habitual con Reveillere por detrás para cubrir las subidas del valencianista, oteó el horizonte con calma y vio llegar a Xabi Alonso al segundo palo, excepcional el tolosarra en su decisión de ocupar ese espacio y preciso a la hora de colocar con la cabeza el balón al contrapié del guardameta Lloris, gol y demostración de su mejor cualidad como futbolista: la perfecta lectura del juego. Ya antes de esta jugada solo España había mostrado algo e incluso se había reclamado un más que posible penalti sobre Fábregas.

El primer tiempo se fue desde entonces en larguísimas posesiones de España, sin encontrar demasiado la profundidad ni asustar en exceso a Lloris pero, sobre todo, sin que los de Blanc llegaran a las inmediaciones de Casillas, que tan solo tuvo que esforzarse al filo del descanso en un lejanísimo lanzamiento de falta de Cabaye que buscó la escuadra, pero que el capitán deshizo con sencillez. Apenas llegaron un par de balones a Benzema y Ribery, pero la defensa estuvo atenta para impedir que generaran peligro real.

El segundo tiempo arrancó diferente, con los mejores minutos de los bleus, que adelantaron la defensa aprovechando el exceso de toque horizontal de los españoles y que ni Silva ni Iniesta encontraban el hueco para desbordar. Los únicos que encontraban el camino eran Arbeloa y, sobre todo, Alba, pero al no haber rematador para sus subidas éstas resultaban estériles. Sin apenas peligro, Francia dio otra sensación, tal vez tan solo fruto de la necesidad, España no llegó a temblar, pero Blanc se decidió en el minuto 64 a cambiar su alineación a una configuración más ofensiva, más habitual en su equipo, con la salida de Nasri y Menez por Malouda y Debuchy. De inmediato Del Bosque contestó metiendo profundidad al equipo español con la salida de Pedro, para quien la situación del partido parecía perfecta, y Torres, que arrastraría a la defensa e impediría que se volcaran sobre campo de ataque.

Aportaron más los cambios del combinado español que los del francés, al no tener la pelota su equipo, Nasri no pudo mostrar ni una pincelada del arte que atesora, mientras que a Menez le vino el partido grande y Jordi Alba se lo comió en los pocos minutos de los que dispuso. Cuando más tarde entró Giroud como delantero alto, tampoco pudo inquietar a Piqué o Ramos. España mientras sí consiguió lo que Del Bosque pretendía, Torres inquieto a Rami y Koscielny aunque estuvo acelerado y poco acertado a la hora de crear ocasiones, mientras, la profundidad de Pedro por la izquierda, que, en compañía de Alba desquiciaron a Revelliere y a Menez (que apenas ayudó a su lateral) provocó algunas llegadas de peligro que terminaron de demostrar la superioridad del equipo español. Pero si en un momento fue clave Pedrito fue al provocar el penalti francés en el último minuto tras una bella jugada de desborde en la que rompió espectacularmente la cintura de Rami. Alonso convirtió el 2 a 0, su segundo gol del día, y celebró a lo grande su partido 100 con la selección.

Un partido sin gran ritmo ni profundidad, pero con un dominio del juego por parte de España escandaloso. La Roja no necesitó más de lo que hizo para llevarnos de forma casi rutinaria a las semifinales de la Eurocopa, a un lugar donde hace cuatro años nos pareció un milagro llegar. Gracias a este maravilloso grupo de jugadores por acostumbrarnos tan mal.

Ahora, el último escollo antes de la final será Portugal. Un equipo peligroso, inferior a España, pero acostumbrado a jugar a aquello que todos le juegan a los campeones del mundo, defender, robar y salir muy rápido. Un equipo muy fuerte atrás y, sobre todo con un argumento ofensivo clave: Cristiano Ronaldo, bien acompañado por Nani. Seguramente necesitará España dar algo más que lo ofrecido hasta ahora para alcanzar la final, pero este equipo es perfectamente capaz de eso.

miércoles, 20 de junio de 2012

A cuartos con la calculadora de Del Bosque

Pasó la fase de grupos para España y empieza lo magro del torneo, las eliminatorias.

España venció, aunque no terminó de convencer con su juego, menos vertiginoso y brillante que contra Irlanda, ante un rival de peso, serio y bien plantado, que obligó a los nuestros a sacar la calculadora.

Antes del partido se habló mucho de la posibilidad de pasteleo o biscotto, como dicen los italianos, es decir, el empate a dos clasificaba a ambos contendientes dejando fuera a Italia, pero la honradez de ambos contendientes no dio lugar en ningún momento a ese planteamiento.

España saltó al campo con el mismo once del encuentro contra Irlanda, pero el rival que había enfrente distaba mucho de ser tan timorato como los británicos. A pesar de que la prevista victoria de Italia dejaba fuera a Croacia en caso de empate a cero, los balcánicos no perdieron la cabeza de salida, se plantaron en el campo conscientes de que España dominaría el ritmo del partido, la posesión y el guión, y que para ellos habría también ocasiones robando y saliendo rápido. Seguramente no le faltara razón al temperamental Slaven Bilic, técnico de los croatas, ya que de haber jugado al ataque, buscando ganar el partido, los huecos  que hubieran dejado en defensa habrían sido castigados por la calidad española.

Así fue pasando el primer tiempo, el planteamiento croata de ahogar el juego español funcionó, aunque no consiguieron poner nerviosos a los que ayer vestían de celeste. España trufó los primeros 45 minutos de alguna ocasión, ninguna demasiado clara, pero el toque de nuestro mediocampo no encontraba la profundidad de los laterales o de Torres, que tenía que abrirse demasiado a banda para poder recibir. Las dos líneas defensivas croatas, muy juntas justo delante de su área, no dejaban oxígeno para que los Iniesta o Silva respiraran entre ellas. Poco antes del descanso marcó Italia, esto dejaba fuera a los de Bilic, que en el segundo tiempo tendría que ir pensando en abrirse un poco más, ya que en el primer tiempo poco más enseñó que la presencia de Mandzukic, que luchó con los defensas españoles, y alguna llegada de Srna.

Tras el descanso, Croacia buscó adelantar líneas, aunque hasta el minuto 20 no realizó cambios ofensivos metiendo a Jelavic y Perisic. Poco antes, la mejor oportunidad de los arlequinados, un buen pase de Modric que el sevillista Rakitic cabeceó en el segunda palo. Pero España tiene de todo, empezando por el mejor portero del mundo, que salvó los muebles en esa acción y controlando por alto los lanzamientos de esquina, que supusieron el mayor peligro de Croacia.

La Roja, ayer celeste, siguió a los suyo. Es lo bueno y lo malo de tener un estilo muy claro de juego, que siempre sabes lo que tienes que hacer, siempre tienes una salida de emergencia a la que aferrarte cuando hay problemas, pero por contra a veces da la impresión de que te falta plan B. Poco después de la gran ocasión de Rakitic, el primer cambio de España: Navas por Torres. Cambio respetable aunque confuso y discutible. Navas es desborde por banda y puede ser centro al área, pero sin nueve con el que conectar parece perder sentido esa opción. Pero el plan, al menos en el momento del cambio, no era buscar el centro y el remate, sino usar a Navas de cebo, de reclamo para la defensa con el que tirar del lateral hacia la banda y obligar al central a ayudar, posibilitando más huecos por el centro. Pero Del Bosque y sus chicos seguían tranquilos, si Croacia no apretaba más ¿para que iba a arriesgar España que estaba clasificada? El hecho de pasar como segunda de grupo es algo que al técnico salmantino no le preocupaba lo más mínimo.


A medida que Bilic iba metiendo delanteros, más tensa se ponía la afición española, pero también más huecos se iban abriendo en la defensa croata. Del Bosque buscó con Cesc la famosa figura del falso nueve, pero sin perder control del balón, más tarde prepararía a Negredo para los últimos minutos, cuando los balcánicos ya habían abandonado casi totalmente la zaga.


Ya con el delantero del Sevilla preparado para salir, Cesc recogió un balón entre las ya deslabazadas líneas defensivas croatas y lo levantó por encima de la defensa buscando el desmarque de Iniesta. El mago de La Mancha la bajó y vio a Navas solo en boca de gol, con su pase superó a Pletikosa y el extremo sevillano se metió con el balón en la portería. Gol que nos ponía primeros de grupo en el minuto 87, incluso de haber recibido el empate seguiríamos como primeros y caería Italia, pero no llegó, España prefirió vivir con la conciencia tranquila que eliminar a un rival peligroso.


Vencimos sin el brillo de otras veces, haciendo lo justo y necesario, con sangre fría y la calculadora en la mano. Pero las grandes competiciones son así, tampoco el Mundial tuvo una primera fase demasiado brillante y al final se ganó. Tal vez no hayamos dado la mejor medida de nosotros mismos, pero estamos en cuartos, esperando a una selección francesa que, seguro, está más preocupada por el cruce que la española. Somos los más goleadores, los menos goleados, los que tienen más balón y los que más tiran. Contra Irlanda hicimos la mayor exhibición de un equipo en esta Eurocopa, seguimos siendo los máximos favoritos y estamos llegando al momento en el que hay que demostrarlo de verdad. Incluso, por si queda alguna duda de que somos los más grandes de Europa, los rivales nos temen... y los árbitros nos miran con cariño como demostró Stark en alguna acción puntual ¿se puede pedir más?

viernes, 15 de junio de 2012

¡Pero que bien juega esta gente!

Tras las pequeñas dudas que despertó el empate contra Italia, La Roja hizo pagar los platos rotos a Irlanda con un vendaval de toque en el medio campo, con una exhibición de control del ritmo del partido y con lo que parecía que más falta nos hacía, con una goleada.

Salía España al campo con el único cambio respecto al primer partido de la entrada de Torres por Cesc, el nueve que dio profundidad al equipo en el segundo tiempo pero falló oportunidades, por el falso nueve que colaboró en el pequeño atasco de España por el centro, pero que sin embargo consiguió el gol del empate. Ironías del fútbol, supongo.

El arranque del partido mostró una selección irlandesa con ganas de ser valiente, de conectar con el admirable veterano Robbie Keane y probar suerte, incluso tuvieron la primera oportunidad del partido encontrando buena respuesta de Casillas. Pero a los cuatro minutos, con España superando la presión verde con toque y paciencia, Silva entró en el área rodeado de defensas, el balón quedó suelto y, cuando parecía en ventaja para la zaga británica, apareció el hambre y la potencia de Torres, barrió el balón suelto, buscó el hueco y largó un zapatazo que superó a Given por alto. Gol del Niño, un problema para sus críticos persistentes, una alegría para la selección. Cuando Del Bosque no convocó a Torres para los últimos amistosos previos a la lista de la Euro, fue el acicate definitivo para ahuyentar los fantasmas que atenazaban al delantero de Fuenlabrada. Ha vuelto del infierno con las ganas de quien acaba de empezar. Incluso se permitió señalarse la oreja en un gesto que sospecho más bien dirigido a sus detractores que a la noble afición irlandesa.

A partir de ahí, el paseo. España le escondió la pelota a Irlanda como solo nuestros centrocampistas saben hacerlo, presionó muy arriba con brío suficiente para desesperar a los rivales y, algo muy importante que se echó de menos en el partida contra Italia, tuvo a los laterales subiendo constantemente, sobre todo Arbeloa, que tras un primer partido muy gris, ayer fue la más grata sorpresa dentro del fenomenal desempeño de La Roja. Los movimientos de un nueve arriba ayudaron a hacer más oportunidades, España llegaba una y otra vez ante un gran Given cada vez más exigido. Eso sí, con la paciencia de nuestros medios, capaces de mantener y mover el balón hasta que aparezca la mejor opción con la finura del pintor que mima el lienzo en cada pincelada. Incluso Xabi Alonso y Busquets parecieron compenetrarse mejor que en otros partidos, no se obstacularizaron, blindaron el paso del balón por sus pies y ayudaron a los defensas a la perfección cuando Irlanda intentaba atacar.

Lo de nuestros queridos bajitos es ya un caso aparte. Xavi, Iniesta y Silva lucieron su fútbol de lujo y le enseñaron al resto de Europa un fútbol que solo se puede ver en España. No es mirarse al ombligo, es que NADIE en el mundo es capaz de acercarse al nivel de estos tres cuando de tocar el balón se trata. La pausa que le dan al juego, ese dominio de los tiempos y los espacios en el campo, les hacen inigualables. En una demostración de pausa increíble llegó el segundo gol de España, solo empezar el segundo tiempo. Silva paró el balón a la altura del punto de penalti y con él se paró el tiempo, creo que hasta la lluvia que cayó sobre Gdansk durante el partido quedó suspendida en el aire unos segundos, los mismos que Silva tuvo la pelota en sus pies quitándose defensas de delante casi como por telequinesia, a base de amagos neutros, sin florituras. Cuando por fin se abrió el hueco, pase suave del canario a la red, nada de balonazos. Será uno de los mejores goles del Torneo, sin duda.

Con el resultado mucho más asegurado, España siguió combinando como antes, pero ahora con más huecos  ya que Eire tuvo que adelantar sus líneas. Tras varias ocasiones perdidas, en el minuto 70 entre Iniesta y Silva roban un balón en medio campo que el canario manda en profundidad para Torres. El delantero aguanta la carrera con los defensas y bate a Given por el palo corto. Doblete que completa la resurrección del delantero del Chelsea.

De ahí al final, alguna llegada tímida irlandesa, donde lo más destacable fueron los cánticos de sus aficionados a pesar de la derrota, y más oportunidades para España, ya con el ritmo más pausado pero la misma calidad. Minutos para Javi Martínez, Cazorla y Cesc, que entró por Torres y anotó su segundo gol del Campeonato al mandar un trallazo impresionante cruzado casi sin ángulo que pegó en el palo y entró. Después demostró su enfado por su condición de suplente con un gesto de rabia en la celebración.

Noche redonda para La Roja, fin de los debates de esta semana (aunque muchos justificarán que Irlanda era un rival inferior o que Torres ha marcado dos goles en un partido pero tiene que demostrar más continuidad) y esperanzas intactas. Puñetazo en la mesa de los campeones que demostraron seguir siendo el rival a batir de esta Eurocopa, con un nivel de juego superior al resto y, sobre todo, con un estilo marcado y inimitable por ningún otro equipo. En fin, para disfrutar.

jueves, 14 de junio de 2012

El sospechoso habitual y las hachas que esperan cuello

Nunca fui un gran defensor de Vicente del Bosque como estratega del fútbol, me parece un poco lento de reflejos, sencillo en sus planteamientos y nada innovador. Eso sí, el entrenador no solo necesita tener esa faceta de estratega, y en el resto de ámbitos, como el trato con el jugador, el manejo de vestuarios o la relación con el entorno, este hombre se merece un 10.

Hasta ahora me molestaba un poco ese halo de inviolabilidad alrededor del seleccionador nacional, todos le agradecemos su responsabilidad indudable en el título de Campeones del Mundo que tan felices nos hizo, pero hay soluciones tácticas y técnicas que son, al menos, opinables. También lo han sido los resultados de algunos amistosos, donde hemos sido vapuleados por selecciones de nuestro nivel. No obstante, desde muchos medios de comunicación ensalzaban su figura a niveles casi celestiales. La magna obra que es esta selección tiene un padre: Luis Aragonés. Del Bosque, desde su bendito sentido común, trató de mantener (con aportaciones más o menos acertadas de su cosecha) la línea de Luis. Incluso le reconoció parte del trabajo en la entrega del Premio Principe de Asturias a La Roja (por cierto, hasta el mote de nuestra selección se le debe a Aragonés).

De las aportaciones de Vicente del Bosque, no me gusta el doble pivote, que hace que tres grandes jugadores como Xabi Alonso, Sergio Busquets y Xavi Hernández se coman el espacio y las funciones unos a otros, jueguen incómodos y, además, evitan que en la alineación pueda haber otro bajito más cerca del área. Tampoco me gusta esa propensión a quitar a Silva, que parece que tiene que demostrar más que nadie para no perder el sitio. Ni la obsesión por usar extremos, que a veces son muy necesarios pero en otras ocasiones quitan el puesto a lo mejor que tenemos, los medios de toque.

Dentro de las decisiones discutibles puede estar el planteamiento del partido contra Italia, sin delantero centro. Más discutible aun cuando en la convocatoria llevó a tres nueves. Lo que no me parece justo es que gente que estuvo callada cuando los vientos soplaban a favor, aprovechen una decisión táctica que, más allá de su éxito en la práctica, tiene un desarrollo teórico lógico ante el dibujo italiano con tres centrales, para poner el hacha en el cuello del seleccionador. Tengo la impresión de que son hachas que esperaban este cuello desde hace tiempo y no veían la oportunidad de salir a relucir.

Más allá de la crítica, siempre legítima, ya que el fútbol es un maravilloso motivo de debate, atacar con denuedo a una persona como Del Bosque, que siempre ha demostrado sentido común, buena fe y respeto por los demás, me parece de bajo nivel. No fue un mal planteamiento, aunque no funcionó, en mi opinión el mayor error fue no cambiar antes para meter en el campo un delantero centro y alguien que abriera a las bandas. Nada más. Además, el resultado fue un empate con Italia, que no es ninguna perita en dulce.

Por otro lado, la crítica se ha centrado en Fernando Torres, el sospechoso habitual de La Roja. El Niño siempre fue un jugador desesperado y desesperante. Recuperado anímicamente tras dos años muy flojos es un jugador potente, vertical y valiente como nadie. Es un delantero que cae a las bandas, se mueve entre los centrales, les descoloca, pelea cada balón ya sea por raso o de cabeza, es fuerte, alto y rápido, se come el campo con la desesperación del juvenil que busca la gloria. Pero al mismo tiempo, esa potencia, verticalidad y prisa por hacer las cosas, hace que le falte pausa de cara al gol, esa calma de los grandes delanteros que, de haberla tenido, le habría convertido en un jugador histórico.

Torres es una bendición para sus compañeros. Durante años ha sido, gracias a su movilidad, el socio perfecto de Villa, que se aprovechaba de los huecos abiertos por el delantero madrileño para hincharse a marcar con La Roja. Marcó el gol de la final de la Eurocopa de 2008 en una jugada que fue un compendio de sus características: un buen movimiento que facilitó el gran pase de Xavi, un mal primer toque que posibilitó a Lahm adelantársele y un pundonor irrefrenable que hizo que le quitara la cartera al alemán y pudiera batir a Lehmann. Contra Italia jugó 20 minutos, facilitó la verticalidad del equipo, que había estado algo espesillo al encarar la línea defensiva transalpina, y se fabricó hasta tres oportunidades que no acertó a concretar. La crítica se ha centrado en que no acertó con esas ocasiones, mano a mano con Buffon no supo decidir bien, se aturulló como le ha pasado en otras ocasiones y no han faltado las voces que le han recordado su historial de oportunidades perdidas. Muchos otros jugadores hubieran acertado alguna de esas oportunidades, pero ¿las hubieran sabido generar? Siendo justos, cabe hacerse también esa pregunta.

Su escaso porcentaje de acierto esconde su capacidad para crear ocasiones. Eso le hace ser habitualmente vilipendiado y le convierte en blanco de constantes juicios por parte de los aficionados, más duros con sus fallos que con los de cualquier otro jugador. Tampoco le ayuda a la hora de ser criticado su corazón colchonero al no gozar del favor de ninguno de los dos lobbys de presión del fútbol español: madridistas y barcelonistas. Por suerte para él, y como escribí en una entrada anterior de este blog, ha visitado el infierno y ha vuelto, por lo que está curado de espantos y con más ganas que nunca de volver al más alto nivel.

Veremos que esquema utiliza España contra Irlanda. Personalmente, creo que España debería probar a Juanfran en el lateral en lugar de Arbeloa, el madridista no parece muy fino y apenas aporta profundidad por banda. Si Arbeloa mantiene el puesto, debería aparecer Navas para abrir el campo por la derecha, si bien con Juanfran ese puesto podría ser para un medio combinativo más. También sacaría a Busquets de la alineación titular para refrescar ese pivote con más espacios para que se muevan por allí Xavi (o Cesc si el de Terrassa descansa) y Alonso. Arriba, seguiría contando con El Niño, por detrás de él, Cesc o Silva si el exjugador del Arsenal cubriera el puesto de Xavi Hernández, y los hombres abiertos de la línea de cuatro por delante de Xabi Alonso serían el impresionante Iniesta (que no nos falte nunca) y Silva o Cazorla, en función de la decisión que se tome con Xavi.

Esto no es nada más que mi opinión, tan discutible como la de cualquiera, seguramente más discutible que la de Del Bosque, que al fin y al cabo es quien tiene la responsabilidad y más información que nadie de como están los jugadores. Alentemos la crítica, constructiva, mesurada y justa, pero no olvidemos que si España sigue avanzando en el torneo, a la hora de subirse al carro de la celebración cada uno será esclavo de sus palabras, y nunca es bueno caer en la incoherencia.