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jueves, 13 de septiembre de 2012

Falcao, su padre, el corazón y la cartera

El caso Falcao muestra un fútbol con dos caras. Por un lado la del negocio, donde clubes, agentes u operadores de televisión trampean en pos del mayor beneficio económico, ya sea cambiando de sitio a los jugadores como si fueran cromos o jugando con los horarios caprichosamente. Por otro lado están los aficionados, desbordados al entender cada vez menos lo que pasa en el entorno de su deporte favorito, nostálgicos de un fútbol con menos brillo, pero más sencillo y estable.

El corazón de los atléticos sufrió en su día el golpe de la marcha de Torres con la comprensión y el dolor del que ve partir a un hijo de casa que marcha con la intención de buscarse la vida. Fue pena, pero nunca odio ni rencor. Aquí quedaba una figura en ciernes, Agüero, que sació el paladar de los colchoneros. En este fútbol tan polarizado hacia unos pocos equipos grandes, a nadie le extrañó el hecho de que quisiera largarse, lo que rompió el cariño de la afición rojiblanca fue que jugara a dos cartas, de cara al público mostraba su intención de quedarse y por detrás manejaba opciones de salida, además, al eterno rival: el Real Madrid.

Y el Kun se fue, no al Bernabéu, sino al Manchester City. Con el dinero ingresado por su venta llegó Falcao, casi a idéntico precio, hizo olvidar al argentino en el imaginario de los atléticos y se consagró con su prodigiosa final de Europa League. Pero volvieron a cernirse sombras sobre un ídolo de la entidad colchonera, incluso de boca del presidente Cerezo hubo que escuchar que, sin los ingresos por Champions League, iba a ser muy difícil mantener al goleador colombiano.

El verano fue pasando y el Atleti cuadró cuentas sin necesidad de venderle, pero como la felicidad nunca es completa entre la parroquia del Calderón, tras una final gloriosa de Supercopa de Europa con histórico hat-trick de Falcao, surgieron las palabras del padre de la criatura para clavarse como un puñal en la espalda de los rojiblancos. Aseguraba que el sueño de su hijo era jugar en el Real Madrid. Otra vez la pesadilla repetida, además, las tristezas de CR7 hacían a muchos madridistas ver como buena la salida del portugués si se sustituía con la llegada del colombiano. A pesar de que el jugador quiso parar el golpe asegurando que quería seguir en su equipo actual, su padre insistió en nuevas declaraciones cargadas de sinceridad y de desconocimiento de la relación tormentosa que une a los dos clubes capitalinos.

Es un golpe fuerte para los aficionados del Atlético de Madrid ver como cada temporada se confirma que, a pesar de los últimos grandes éxitos europeos, no está en la élite de los clubes mundiales, ni como proyecto deportivo ni, sobre todo, como ejemplo de estabilidad económica. Como consecuencia de ello, cada jugador que destaca en sus filas es a la vez motivo de alegría y de desazón ante la idea de que se irá pronto.

Pero esto no es la más que la confrontación entre la realidad del fútbol profesional y el ensueño de muchos aficionados que, como reducto del sentimiento hacia unos colores, piensan que todo en el deporte es así. Lo cierto es que, más allá de los excesos de muchos agentes, que casi trafican con sus jugadores, el aficionado  de a pie debe darse cuenta de que los sentimientos en el fútbol van por un camino diferente al del profesionalismo, que en la élite todo esto se relativiza mucho, y que si gente como Torres o Raúl abandonaron en su día a los clubes que llevaban grabados en su alma porque necesitaban otras cosas, como no va a poder Falcao, que a sus 26 años ha vestido las camisetas de cuatro equipos diferentes en cuatro países distintos (Lanceros en Colombia, River en Argentina, Oporto en Portugal y Atlético en España), pensar en cambiar de aires hacia un equipo que le dé una mayor relevancia en el mundo del fútbol. Y no por ello va a dejar de ser ese tigre que se deja el alma en el campo, porque es un gran profesional que mientras vista una camiseta va a dar todo por ella. Por supuesto que es mejor defender la camiseta de tu equipo de corazón, pero lo que no se puede pretender es que todo el que vista una camiseta la convierta en su devoción, eso sí que sería una traición ¿Y los sentimientos de Falcao? Pues probablemente esté con ese pequeño equipo de los Lanceros de Boyacá, donde debutó, o tal vez no le falte razón a su padre y cuando era pequeño soñara con jugar en el Real Madrid o cualquier otro equipo grande de Europa. Su realidad ahora es distinta y, como profesional, dejará esos sueños infantiles de lado para cumplir su función donde se le encomiende. Eso es lo que se le puede exigir, no que sea más colchonero que Neptuno.

Será interesante ver como le recibirá el Calderón en el próximo partido de Liga. Quien sea inteligente y sea capaz de ponerse en su lugar no le pitará ni le recriminará nada de lo que ha pasado, eso solo perjudicaría al equipo y aumentaría sus ganas de buscar una salida. Además, no hay nada que reprocharle, no ha mostrado ningún interés por salir y ha sido su padre quien ha hecho declaraciones inconvenientes.

sábado, 10 de marzo de 2012

El estigma de Higuaín

Volvió Higuaín a marcar, por partida doble, el pasado fin de semana en la manita que el Real Madrid endosó al Espanyol. Dos goles que le sitúan con 16 en el tercer puesto de la tabla de anotadores solo por detrás de los extraterrestres CR7 y Messi, pero que ni le aseguran la titularidad ni alejan los rumores que le abren la puerta de salida del club.

Higuaín llega en mal momento, en el mercado de invierno de la temporada 2006 - 2007 con Calderón en la presidencia y Mijatovic en la dirección deportiva. Su precio, 13 millones, pareció desorbitado para un jugador de solo 19 años que apenas acababa de despuntar en River. Además, su llegada coincidió con la marcha del gran Ronaldo y la comparación entre la facilidad para el gol del astro brasileño y la habilidad para fallar oportunidades claras que demostró el argentino en su primera temporada le hicieron acreedor del apodo Igualín.

Pero consiguió asentarse, su espíritu de lucha y su rápida maduración caló hondo en el corazón del Bernabéu. Se consagró en Pamplona, cuando un gol y una asistencia suya dieron la victoria y el título 2007 - 2008. No obstante, siempre ha sido visto como un intruso entre las grandes estrellas del equipo, aunque el aficionado esté encantado con él, siempre queda la sensación de que el Real Madrid necesita un delantero con más nombre.

Como jugador tiene cierto aire de heredero de Raúl. Es un futbolista intenso y hambriento, con ese fuego en la mirada y la viveza en las piernas del que se sabe humilde. Como Raúl, parece tener que demostrar en cada partido su valía para que no le lluevan las críticas. También como el 7 del Schalke, no es un dechado de virtudes técnicas aunque lo suple con una velocidad endiablada y un sexto sentido especial para estar al filo del fuera de juego sin caer en él. Además, ha corregido su defecto más criticado cuando llegó a Madrid, ahora es más efectivo de cara al gol.

Pero todo esto no ha impedido que el despertar de Benzema, tras temporada y media adormecido, le haya hecho perder la titularidad. El francés interviene más en el juego del equipo, combina mejor con los compañeros, se ofrece más y, táctica y técnicamente, aporta más que el Pipa.

Seguramente esas deficiencias tácticas y técnicas le hacen aparecer menos en los partidos con rivales de mayor enjundia o cuando los encuentros se complican, auténtico talón de Aquiles del argentino.

Parece que antes o después el Real Madrid de Florentino cederá al glamour de un fichaje sonada y dejará ir a Gonzalo Higuaín, un delantero eléctrico e infravalorado que, si se consuma su marcha, será añorado en un Bernabéu siempre agradecido a quien suda la camiseta blanca.