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martes, 27 de noviembre de 2012

Se acerca, por fin, el Balón de Oro


Alea jacta est, dirían los clásicos, los votos están emitidos y será en Enero cuando conoceremos al titular del premio individual más prestigioso del mundo futbolístico: el Balón de Oro. A pesar de todas las críticas, este premio sigue suponiendo uno de los momentos cumbre del año, aunque solo sea porque revisar la nómina de ganadores nos anima a conocer a grandes jugadores que entretejen su historia, desde Stanley Matthews a Leo Messi.

Si algo especial tienen las últimas ediciones del Balón de Oro es la importancia que está cobrando en la actualidad del fútbol español. Antes del boom de nuestra selección, apenas se comentaba quienes optaban al premio unos días antes de su designación, ahora suscita comentarios por la rivalidad entre merengues y culés personificada en CR7 (un trofeo) y Messi (tres trofeos), por la reclamada presencia de españoles en el podio, por lo que va a votar éste o aquel… en fin, líos teñidos de cierto sensacionalismo. Una pena para el fútbol español que su gran momento haya coincidido con esos dos grandes fenómenos, además, su éxito es coral y eso reparte los votos entre varios de nuestros jugadores en lugar de concentrarlos en una superestrella.

Mucha gente critica la forma de votación, despreciando los votos que vienen de países remotos y con poca fuerza en el fútbol, pero qué puede haber más justo y desinteresado que contar con el voto de profesionales que no estén tan mediatizados como los de las grandes selecciones. Cabe ver la polémica y el interés que suscitan las votaciones de los jugadores más conocidos y que optan al galardón, como Messi, Cristiano Ronaldo o Casillas. Esa atención a sus votos hace que estos, de alguna forma, queden manipulados por presiones externas. Para evitar esas polémicas, una solución fácil: al votar como capitanes de la selección podrían consensuar la elección mediante una votación entre todos sus compañeros de equipo nacional.

Si tuviera que apostar, mi favorito es Messi, después Cristiano e Iniesta para completar un podio donde no sería sorpresa la presencia de jugadores como Falcao, Casillas, Pirlo o Xavi. Grandes jugadores, sea cual sea el resultado, que demuestran que estamos en un buen nivel en el fútbol actual.

jueves, 13 de septiembre de 2012

Falcao, su padre, el corazón y la cartera

El caso Falcao muestra un fútbol con dos caras. Por un lado la del negocio, donde clubes, agentes u operadores de televisión trampean en pos del mayor beneficio económico, ya sea cambiando de sitio a los jugadores como si fueran cromos o jugando con los horarios caprichosamente. Por otro lado están los aficionados, desbordados al entender cada vez menos lo que pasa en el entorno de su deporte favorito, nostálgicos de un fútbol con menos brillo, pero más sencillo y estable.

El corazón de los atléticos sufrió en su día el golpe de la marcha de Torres con la comprensión y el dolor del que ve partir a un hijo de casa que marcha con la intención de buscarse la vida. Fue pena, pero nunca odio ni rencor. Aquí quedaba una figura en ciernes, Agüero, que sació el paladar de los colchoneros. En este fútbol tan polarizado hacia unos pocos equipos grandes, a nadie le extrañó el hecho de que quisiera largarse, lo que rompió el cariño de la afición rojiblanca fue que jugara a dos cartas, de cara al público mostraba su intención de quedarse y por detrás manejaba opciones de salida, además, al eterno rival: el Real Madrid.

Y el Kun se fue, no al Bernabéu, sino al Manchester City. Con el dinero ingresado por su venta llegó Falcao, casi a idéntico precio, hizo olvidar al argentino en el imaginario de los atléticos y se consagró con su prodigiosa final de Europa League. Pero volvieron a cernirse sombras sobre un ídolo de la entidad colchonera, incluso de boca del presidente Cerezo hubo que escuchar que, sin los ingresos por Champions League, iba a ser muy difícil mantener al goleador colombiano.

El verano fue pasando y el Atleti cuadró cuentas sin necesidad de venderle, pero como la felicidad nunca es completa entre la parroquia del Calderón, tras una final gloriosa de Supercopa de Europa con histórico hat-trick de Falcao, surgieron las palabras del padre de la criatura para clavarse como un puñal en la espalda de los rojiblancos. Aseguraba que el sueño de su hijo era jugar en el Real Madrid. Otra vez la pesadilla repetida, además, las tristezas de CR7 hacían a muchos madridistas ver como buena la salida del portugués si se sustituía con la llegada del colombiano. A pesar de que el jugador quiso parar el golpe asegurando que quería seguir en su equipo actual, su padre insistió en nuevas declaraciones cargadas de sinceridad y de desconocimiento de la relación tormentosa que une a los dos clubes capitalinos.

Es un golpe fuerte para los aficionados del Atlético de Madrid ver como cada temporada se confirma que, a pesar de los últimos grandes éxitos europeos, no está en la élite de los clubes mundiales, ni como proyecto deportivo ni, sobre todo, como ejemplo de estabilidad económica. Como consecuencia de ello, cada jugador que destaca en sus filas es a la vez motivo de alegría y de desazón ante la idea de que se irá pronto.

Pero esto no es la más que la confrontación entre la realidad del fútbol profesional y el ensueño de muchos aficionados que, como reducto del sentimiento hacia unos colores, piensan que todo en el deporte es así. Lo cierto es que, más allá de los excesos de muchos agentes, que casi trafican con sus jugadores, el aficionado  de a pie debe darse cuenta de que los sentimientos en el fútbol van por un camino diferente al del profesionalismo, que en la élite todo esto se relativiza mucho, y que si gente como Torres o Raúl abandonaron en su día a los clubes que llevaban grabados en su alma porque necesitaban otras cosas, como no va a poder Falcao, que a sus 26 años ha vestido las camisetas de cuatro equipos diferentes en cuatro países distintos (Lanceros en Colombia, River en Argentina, Oporto en Portugal y Atlético en España), pensar en cambiar de aires hacia un equipo que le dé una mayor relevancia en el mundo del fútbol. Y no por ello va a dejar de ser ese tigre que se deja el alma en el campo, porque es un gran profesional que mientras vista una camiseta va a dar todo por ella. Por supuesto que es mejor defender la camiseta de tu equipo de corazón, pero lo que no se puede pretender es que todo el que vista una camiseta la convierta en su devoción, eso sí que sería una traición ¿Y los sentimientos de Falcao? Pues probablemente esté con ese pequeño equipo de los Lanceros de Boyacá, donde debutó, o tal vez no le falte razón a su padre y cuando era pequeño soñara con jugar en el Real Madrid o cualquier otro equipo grande de Europa. Su realidad ahora es distinta y, como profesional, dejará esos sueños infantiles de lado para cumplir su función donde se le encomiende. Eso es lo que se le puede exigir, no que sea más colchonero que Neptuno.

Será interesante ver como le recibirá el Calderón en el próximo partido de Liga. Quien sea inteligente y sea capaz de ponerse en su lugar no le pitará ni le recriminará nada de lo que ha pasado, eso solo perjudicaría al equipo y aumentaría sus ganas de buscar una salida. Además, no hay nada que reprocharle, no ha mostrado ningún interés por salir y ha sido su padre quien ha hecho declaraciones inconvenientes.

sábado, 10 de marzo de 2012

El estigma de Higuaín

Volvió Higuaín a marcar, por partida doble, el pasado fin de semana en la manita que el Real Madrid endosó al Espanyol. Dos goles que le sitúan con 16 en el tercer puesto de la tabla de anotadores solo por detrás de los extraterrestres CR7 y Messi, pero que ni le aseguran la titularidad ni alejan los rumores que le abren la puerta de salida del club.

Higuaín llega en mal momento, en el mercado de invierno de la temporada 2006 - 2007 con Calderón en la presidencia y Mijatovic en la dirección deportiva. Su precio, 13 millones, pareció desorbitado para un jugador de solo 19 años que apenas acababa de despuntar en River. Además, su llegada coincidió con la marcha del gran Ronaldo y la comparación entre la facilidad para el gol del astro brasileño y la habilidad para fallar oportunidades claras que demostró el argentino en su primera temporada le hicieron acreedor del apodo Igualín.

Pero consiguió asentarse, su espíritu de lucha y su rápida maduración caló hondo en el corazón del Bernabéu. Se consagró en Pamplona, cuando un gol y una asistencia suya dieron la victoria y el título 2007 - 2008. No obstante, siempre ha sido visto como un intruso entre las grandes estrellas del equipo, aunque el aficionado esté encantado con él, siempre queda la sensación de que el Real Madrid necesita un delantero con más nombre.

Como jugador tiene cierto aire de heredero de Raúl. Es un futbolista intenso y hambriento, con ese fuego en la mirada y la viveza en las piernas del que se sabe humilde. Como Raúl, parece tener que demostrar en cada partido su valía para que no le lluevan las críticas. También como el 7 del Schalke, no es un dechado de virtudes técnicas aunque lo suple con una velocidad endiablada y un sexto sentido especial para estar al filo del fuera de juego sin caer en él. Además, ha corregido su defecto más criticado cuando llegó a Madrid, ahora es más efectivo de cara al gol.

Pero todo esto no ha impedido que el despertar de Benzema, tras temporada y media adormecido, le haya hecho perder la titularidad. El francés interviene más en el juego del equipo, combina mejor con los compañeros, se ofrece más y, táctica y técnicamente, aporta más que el Pipa.

Seguramente esas deficiencias tácticas y técnicas le hacen aparecer menos en los partidos con rivales de mayor enjundia o cuando los encuentros se complican, auténtico talón de Aquiles del argentino.

Parece que antes o después el Real Madrid de Florentino cederá al glamour de un fichaje sonada y dejará ir a Gonzalo Higuaín, un delantero eléctrico e infravalorado que, si se consuma su marcha, será añorado en un Bernabéu siempre agradecido a quien suda la camiseta blanca.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Real Madrid - F.C. Barcelona: El toque duró más que la presión

Hay dos formas de analizar un partido de fútbol: según los momentos puntuales que determinan el resultado y según la sensación general que deja el partido. La diferencia es la misma que hay entre ver un resumen o ver el partido entero. Es la diferencia que hay entre el análisis que Mourinho quiso hacer público al final del último clásico (seguramente como un mensaje con el que mantener la moral de los suyos) y la sensación que dejó el partido en quien lo vió.
La justificación de la suerte que usó el portugués se sostendría en un resumen del partido que se centrara en las oportunidades falladas por los locales, el segundo gol del Barça y la falta de Messi a Xabi Alonso que pudo significar la expulsión del argentino. Pero el partido tuvo mucho más que eso.
De antemano, las claves del encuentro estaban en lo físico, lo táctico y la inspiración individual. tras el 5-0 del año pasado, Mourinho convenció a los suyos de que la única forma de plantar cara al Barça era desde la exaltación de lo físico, presionando, achicando espacios, corriendo y chocando. Así ganó la Copa, disputó la semifinal de la Champions y se sintió dominador en la Supercopa. En muchas fases de esos encuentros ahogó por completo el toque del Barcelona. Pero el Madrid de esta temporada se siente superior al de la pasada y quiso "relajar" un poco el planteamiento ya desde la alineación. Pepe no estuvo en el medio campo, como sí lo hizo en anteriores encuentros contra los culés, y sí estuvo Özil.
Así, el partido parecía una lucha táctica entre presión y toque ¿Quién ahogaría a quién? Personalmente pensaba que Guardiola incluso modificaría el planteamiento o la alineación para encontrar un recurso rápido para escapar de la presión sobre la salida de balón, que elaboraría menos y jugaría más directo arriba. La presión madridista, para colmo, no pudo empezar mejor, con el gol de Benzema a los 20 segundos tras robo de balón. Pero ni por esas Guardiola cambió el plan. Incluyó a Alves en la línea de medios, acercó a Messi a colaborar con el toque y dejó a Alexis que se licenciara en el fútbol de máximo nivel complicando con su movilidad a la zaga blanca.
Tácticamente, sin duda, el Barcelona fue más, y con ello contrarrestó el poderío físico blanco. No fue el Barça sin resuello ni banquillo de los últimos Clásicos de la temporada pasada o de la Supercopa. Fue un equipo con una fe inquebrantable en su plan habitual de juego, casi religiosa.
El empuje físico madridista fue decayendo y se diluyó persiguiendo el balón que rodaba sin descanso impulsado por jugadores blaugranas. A pesar de que la casta, el orgullo y la calidad de los merengues les llevaron a gozar de alguna oportunidad, tras el 1-2 el control del partido fue totalmente azulgrana y tras el 1-3 empezó a verse más posible la goleada que la remontada blanca.
Si en el ámbito físico el Barça aguantó a un Madrid netamente superior y en el táctico Guardiola supo moverse mejor que Mourinho, en la batalla individual entre grandes jugadores el triunfo fue azulgrana.
Messi demostró ser un jugador más dotado para los partidos importantes que Cristiano, y una pieza más integrada en el engranaje de su equipo que el portugués, que suele mostrarse muy obsesivo en los grandes duelos. También en la media los Busquets, Xavi, Fábregas o Iniesta fueron fundamentales al ir agotando la presión de los blancos. El albaceteño fue el mejor del partido, dejando a Coentrao en evidencia en varias juagadas. Benzema o Di María estuvieron voluntariosos mientras les duró la gasolina, luego se difuminaron con el resto del equipo. En el otro lado, Messi o Alexis supieron moverse bien para desarbolar la defensa merengue. Tal vez sólo Casillas mantuvo su nivel por encima de Valdés, que tuvo el borrón del fallo en el gol de Benzema.
En definitiva, gran mérito del Barça al vencer a un gran Real Madrid siendo fiel a su estilo, porque este Barcelona de Guardiola no prepara tácticas o planes para los partidos, sino que cumple con una filosofía, con una manera de entender el fútbol que les hace superar las adversidades mediante la confianza en su estilo. Eso debe hacerles sentir orgullosos en la victoria e incluso en la derrota.

lunes, 16 de mayo de 2011

ENFOCAR LA AMBICIÓN

A nadie se le escapa, sobre todo desde que llegó a la Liga española, que Cristiano Ronaldo es un tipo de carácter peculiar, que provoca filias y fobias. Una especie de estatua que ha cobrado vida para correr con un balón pegado al pie. Sus defensores ensalzan su velocidad, capacidad para el regate, fuerza física, inventiva y pegada en cualquier situación (remate, disparo en carrera, a balón parado, de penalti o con la cabeza). Sus detractores no olvidan sus feos gestos, su actitud de superioridad, su altivez y, desde un punto de vista más estrictamente futbolístico, un individualismo casi obsesivo y cierta dificultad para ser decisivo en los partidos grandes.


Además, sus detractores tienen una fácil comparación para asentar sus críticas en el barcelonista Messi. Ambos son los grandes cracks del fútbol actual, con mucha diferencia sobre el resto, y además son los baluartes principales de los dos clubes más importantes del mundo, Real Madrid y Barcelona. El argentino es bastante más "humano" físicamente, donde si llama la atención es por ser casi lo contrario al portugués, escasa altura, poco musculado, mucho más parecido a cualquier ciudadano medio.


Bajando la comparación al campo de juego, diferencias y similutudes se reparten casi por igual. Ambos tienen una conducción de balón espectacular, aunque cada uno a su manera. Messi lleva el balón más cosido a la bota, mientras Cristiano usa más su potencia y velocidad para desbordar a los defensas haciendo correr el balón. Sobre todo, ambos son, con diferencia, el principal argumento goleador de sus respectivos equipos. Mientras Cristiano usa más el disparo lejano, el remate en llegada y la jugada individual, los goles de Messi suelen llegar más tras slaloms apoyados en paredes con sus compañeros. También es verdad que los goles de ambos muestran las diferencias entre el juego de ambos equipos. Mientras los merengues exhiben una pegada más "salvaje", donde cualquier jugador es capaz de encontrar las redes rivales en cualquier momento, los culés convierten cada jugada en una obra artesana más delicada y elaborada.


Desde el principio de la temporada ambos llevan un pulso enconado por el trofeo Pichichi. Más allá del gol contra la Real Sociedad que el Marca da a Cristiano pero que (al menos para mi) fue de Pepe, los dos cracks llevan números impresionantes durante toda la temporada, con pocos baches y mucha regularidad. Así ha sido, hasta que ha llegado el momento cumbre de la temporada.

Cuando ha llegado el cénit de la temporada, aparte de que Cristiano ha llegado físicamente por encima de Messi, el argentino ha tenido que priorizar los objetivos comunes, mientras el portugués lo ha hecho con los personales.

Por más que declare que el Pichichi y el record de goles por temporada no es una obsesión, cabe preguntarse que hubiera pasado si ese ansia por anotar que le ha llevado a perforar la puerta rival 9 veces en los últimos 3 partidos de Liga la hubiera aplicado en otros momentos de la temporada para el bien común.

La forma de ser de Cristiano, como la de Mourinho, está marcando el tipo de fútbol y la percepción de los aficionados sobre el Real Madrid. Dicha percepción, desde otros equipos es muy negativa, lo que no ayuda a la entidad, pero el problema puede venir si cambia la corriente de la percepción interna, la propia de los madridistas, dueños de su club. La exhibición goleadora de Cristiano le van a hacer eterno en los libros por méritos propios y sobrados, con los merecimientos de la más perfecta maquinaria de la naturaleza que ha pisado un campo de fútbol en la historia, pero hablan de un futbolista sospechoso de enfocar su ambición en beneficio de su carrera por encima de la entidad a la que representa, esto en un club con la grandeza y leyenda del Real Madrid, muy anterior y superior a la del portugués, puede llegar a ser problemático si los resultados dejan de acompañar.

Ojo, muchos madridistas veteranos, curtidos en una cultura noble y victoriosa, están empezando a cansarse de que recién llegados empañen la imagen histórica de su club.