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miércoles, 19 de junio de 2013

Del Bosque y las dudas del 9

Sorprendió escuchar a Vicente del Bosque, en los días previos a la Copa Confederaciones que se está celebrando en Brasil, comentar tan abiertamente que ningún delantero centro de los que había ido llevando a la Selección le convencía totalmente. Si sorprendió fue por la extrañeza de verle hacer este tipo de declaraciones, no porque lo piense, que es algo que cualquiera que haya seguido el recorrido de La Roja en los últimos años ha podido deducir claramente.

Del Bosque viene contando desde que llegó principalmente con Villa, Torres, Llorente, Negredo y Soldado como arietes puros, pero sin embargo la opción más usada en los últimos tiempos ha sido Cesc Fábregas como jugador que ocupa esa posición teórica, pero sin las características ni funciones típicas del delantero centro puro, es lo que suele conocerse como falso nueve.

Esa idea del falso nueve es una solución táctica típica de equipos con alta posesión, movilidad entre líneas y larga maduración de la jugada. Elimina la referencia a los centrales, obligándoles a perseguir la sombra de ese falso nueve que desarrolla sus desplazamientos por el campo entre las líneas de defensa y centro del campo del rival, abriendo vías de agua para su propia llegada y la de sus compañeros.

Villa celebra un gol con la Selección
El juego combinativo de la Selección Española ahoga a un nueve típico. Villa, máximo goleador de la historia de La Roja, era titular indiscutible hasta que sus altibajos en el Barça y, sobre todo, la grave lesión que sufrió en 2012, le descabalgaron. Si es el delantero que Del Bosque más usó en su momento fue por su capacidad para jugar lejos del área, arrancar volcado desde banda izquierda y aprovechar los pases de los mediapuntas para probar su buen disparo.

Torres es un futbolista cuyo punto fuerte es la potencia y el débil la falta de precisión, esto le hace jugar a contraestilo en la Selección. Como acompañante de Villa fue oro puro para el asturiano, ya que le abría una cantidad de espacios y reclamaba tal atención de los defensas rivales con su despliegue físico que facilitaba mucho el acceso al gol por parte de su compañero. El del Chelsea siempre tuvo en el combinado español más valor por ese trabajo oscuro que por su promedio de goles, más bien discreto, ya que los contrarios suelen permitir pocos espacios libres donde El Niño pueda lucirse.

Llorente siempre fue percibido en La Roja como una solución de emergencia, una forma de desatascar partidos cerrados en los que el riojano hacía de faro hacia el que mandar balones. Su destreza para bajarlos y entregarlos a quien le venga de cara fueron útiles en partidos importantes. Pero nunca se le ha visto como un plan A por Del Bosque, no cuadra con el estilo inicial que propone el equipo. Es un caso parecido al de Navas en el medio del campo, son revulsivos útiles para cambiar la forma de jugar, pero no la opción principal de partida.

Negredo y Soldado han sido los dos últimos en llegar. Siendo dos arietes clásicos que tienen en el gol su valor y objetivo principal, existen grandes diferencias entre ellos. Mientras Negredo es más rematador y hombre de área, de bajar balones y rematar centros; Soldado es algo más parecido a lo que decíamos de Villa. Es un futbolista que vuelca mejor a las bandas, combina más con los centrocampistas y, además, es tan capaz como el sevillista de llegar al remate. De ahí que, de momento, se haya ganado el favor del míster salmantino.

Pedro está en racha goleadora con España
Es el debate del nueve, en una generación de futbolistas donde lo más brillante sin duda son los centrocampistas parece normal que se intente incluir en la alineación a la mayor cantidad posible de ellos. Eso no quiere decir que los delanteros que tenemos en España sean malos, ni mucho menos, pero la forma de jugar del equipo y el hecho de que, como mucho, juegue uno solo, les complica el desempeño. Además, el gol queda cubierto con la llegada de Pedro, Silva, Cesc o Iniesta, jugadores que sin ser delanteros puros, saben aparecer en posiciones de peligro.

Personalmente, echo de menos a Michu, sus características mixtas podrían dar valor a esta Selección, me parece extraño que Del Bosque aun no le haya dado alguna oportunidad ¿le llegará algún día?

viernes, 5 de octubre de 2012

El fútbol idílico

Más allá de la fundamental defensa del Fair Play, más allá incluso de la deseable buena convivencia de un vestuario, en los mentideros del fútbol se ha instalado la sensación de que un equipo de fútbol es un escenario idílico donde si todos los compañeros no son íntimos amigos que se juntan a tomar cervezas los días libres es porque estamos ante una situación patológica y preocupante. Es decir, que en una plantilla de un equipo de fútbol no puede ocurrir lo que sí sucede en la práctica totalidad de los trabajos.

De un tiempo a esta parte y alentado por la creciente tendencia sensacionalista (entiéndase como definición de una tendencia y no como un insulto) con la que muchos medios prorrumpen en la rivalidad entre Real Madrid y F.C. Barcelona, se están aireando desencuentros, discusiones y disputas supuestamente gravísimas. Últimamente la palma se la llevan la mala relación entre Ramos y Mourinho que se intuye como causa de la suplencia del central en Champions contra el City, y la bronca que Messi le endosó a Villa por un mal pase. Pero no es lo único que se echan en cara unos y otros: la hierática postura de Casillas en la celebración de los goles de su equipo, la falta de comunicación de Guardiola con sus jugadores, los clanes del vestuario del Real Madrid, las suplencias de Piqué la temporada pasada, la ruptura entre Cristiano Ronaldo y Marcelo por no decir el brasileño que el portugués merece el Balón de Oro, las marchas de los delanteros del Barça por supuesta petición de Messi, la camiseta de Özil que llevaba Ramos bajo la suya, en fin, un largo etcétera de reproches mutuos vía Puente Aéreo, un interminable e infantil y-tu-más.

Por supuesto que en los vestuarios de los equipos hay problemas y que algunos de los citados serán completamente ciertos y casi todos tendrán bases reales aunque luego sean exagerados. Es cierto incluso que algunos de estos conflictos influyen en el desarrollo del juego de un equipo. Es difícil discutir que en el Real Madrid no se respira buen rollo o que en el Barça lo que diga Messi va a misa, pero esas cosas siempre han existido en los equipos de fútbol por la sencilla razón de que existen en todos los grupos humanos que puedan darse en la sociedad, desde la empresa a la familia.

En Italia, la Lazio de Chinaglia a mediados de los años 70 tenía jugadores tan enfrentados entre sí que incluso algunos portaban pistola en el vestuario, o sin ir más lejos Robben apareció la temporada pasada con un ojo morado tras una discusión con Ribery. Incluso entre Barça y Real Madrid tras la altísima tensión de los cuatro duelos seguidos de hace un par de temporadas unieron fuerzas en la selección en una tangana jugando contra Chile.

Quiere todo esto decir que en los equipos de fútbol, como en cualquier otro grupo social, hay tensiones y desencuentros, pero que todo ello no es trascendente si en el campo todos buscan el objetivo común. Muchos equipos ganadores han triunfado sin buen ambiente en sus filas, que es un factor conveniente, pero nunca imprescindible. Sobre todo no es el fin del mundo, como algunos medios quieren hacer pensar.